Ayer por la tarde, después de comer en el City Café de Periférico y San Antonio, di un tradicional paseo por los pasillos de Costco buscando bajar la comida y observar la dinámica del club de precios más relevante del país.
Después de encontrarme con las ofertas en televisores, los cada vez más grandes espacios dedicados a todo tipo de prendas y los múltiples productos navideños en plena época patria decidí, junto con mi acompañante, adentrarme en la isla de vinos y licores.
Tan pronto comenzamos el trayecto, nos encontramos con una buena tanda de la casa de La Rioja responsable de producir el Marqués de Cáceres y platicamos sobre cerca de 4 o 5 marcas que ostentaban el título de Marqués que ubicábamos.
Poco a poco las marcas y precios de los vinos iban incrementando hasta rangos de entre 1,500 y 2,000 pesos que, desde mi óptica, deberían ser el límite en una tienda de la categoría en el país. Sin embargo, para mi desapacible sorpresa, estaba rotundamente equivocado. Existía a la venta una botella de Chateau Petrus 2010 de 750 ml por la módica cantidad de $99,999 para pagos realizados efectivo o $102,299 en desembolsos con tarjetas de crédito.
Les confieso que me considero un fanático amateur del vino. Lo pruebo con frecuencia y realmente me agrada. De ninguna manera me considero un gran conocedor del tema pero me defiendo. Estoy sumamente lejos de ser un erudito en la materia pero puedo distinguir entre tipos de uva, regiones y clases con relativa facilidad. Sin embargo, no recuerdo un escenario en el que me enfrentara directamente con 750 mililitros de una posición en la que cada unidad tiene un valor que supera los 133 pesos.
Para ponerlo en contexto, el salario mínimo establecido por la Comisión Nacional del SAT es de $73.04 pesos, es decir, un día de trabajo entero equivale al 54.91% del valor comercial de un mililitro del vino. El PIB anual promedio per cápita en México reportado por el Banco Mundial es de $10,307.28 dólares, prácticamente un 51% del costo de la dichosa bebida.
Aunque entiendo perfectamente que ejemplos similares existen en industrias de todo tipo de bienes, aún no logro cuadrar el monto de ingresos que debe recibir un individuo constantemente para gastar $14,285 pesos una copa.
Comentando el tema con amigos y colegas, recibí con cierta frecuencia un par de respuestas al respecto y siempre involucraban a un grupo de narcotraficantes o de políticos. Algo que probablemente no sorprenda a la mayoría pero que seguramente alimenta el enojo que observamos a diario.
A todo esto me urgen dos preguntas torales:
1.- ¿En que momento y universo asumimos que podemos poner a la venta un producto de consumo que equivale al sueldo anual de una gran parte de la plantilla en una de las tiendas más relevantes del país?
2.- ¿Cómo hacemos para qué la relación costo/beneficio en un producto no rebase los límites de la cordura in dañar el libre mercado?
Honestamente quisiera tener una respuesta más profunda, estudiada y analizada al respecto pero en este momento no la tengo.
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