Los años pasan, la tecnología se vuelve cada vez más sofisticada y confiable pero tanto los bancos como las empresas que ofrecen tarjetas de crédito parecen no entender la mejor manera de capitalizarlo. Con las herramientas de CRM que existen en el mercado y el avance en telecomunicaciones ya es francamente inaceptable.
La semana pasada se sumaron tres incidentes aislados que inspiraron esta columna los cuales describiré con fines ilustrativos:
Sábado 10 de Junio a las 9:00AM llamada de Bancomer
Después de una semana cansada y particularmente estresante, pretendía poder descansar un poco más de lo común y aunque abrí el ojo a las 7:15, había logrado pegar las pestañas hasta que una llamada de Bancomer me despertó para reiterarme que tengo un crédito hipotecario preaprobado que no debería dejar pasar. Cabe recalcar que me han hecho la oferta en al menos cuatro ocasiones y en todas y cada una de ellas me tomé la molestia de explicarles que actualmente ya tengo un crédito hipotecario con otra institución además de que odio que me llamen los fines de semana.
Martes 13 de Junio a medio día llamada de American Express
Desde el último cuarto del año pasado, la empresa del soldado no falla en regalarme una llamada casi religiosa entre la fecha de corte y la de pago de mi tarjeta. Me recuerdan amablemente su aviso de privacidad y me ofrecen diferir el pago de la mensualidad en diversos meses para mi tranqulidad con módicas tasas que oscilan entre el 2 y el 3 por ciento mensual. Lo increible es que al comentarle al interlocutor que quisiera evitar recibir estas llamadas me dice que el no puede hacerlo por sistema y que debo yo llamar a otra área para lograrlo.
Para rematar el Viernes 16 llamada de Santander
La cereza del pastel me la regaló el banco que actualmente patrocina La Liga española de futbol cuando me hablaron el viernes para hacerme una oferta de crédito para festejar ni más ni menos que el Día del Padre, la ¨irresistible promoción¨ tenía una tasa de interés fija del 3.25 por ciento mensual, es decir, 39 por ciento anual. Cuando señalé a la señorita que ese interés era enorme, no titubeó para resaltar que era fija y que seguramente podría yo invertirlo en algún negocio que rinda por encima de ese porcentaje al año.
Estoy seguro que todas las empresas anteriormente descritas realizan grandes inversiones en más y mejores plataformas, que entrenan sumamente bien a los operadores que realizan las llamadas para manejar objeciones y ser cada vez más amables, sin embargo, el sentido común parece ser el gran ausente en la ecuación.
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