Uno de los problemas más grandes que han tenido las empresas históricamente es la sub-utilización de sus recursos, independientemente de la naturaleza de los mismos y del ramo al que pertenezcan. Instalaciones, personal, métodos de transporte, maquinaria y equipo son solamente algunos de los posibles renglones en los que dicho subejercicio ocurre en mayor o menor medida.
Algunas de las empresas más destacadas de los últimos tiempos han sido maestros en volver productivos los recursos ociosos que están disponibles en el mundo, independientemente de la naturaleza de los mismos. Básicamente parten del concepto de economía colaborativa o sharing economy, un término acuñado en el 2010 por Rachel Botsman que se refiere a una redefinición de la manera tradicional en la que se comparten, intercambian, prestan, rentan y venden infinidad de artículos o servicios, catapultados por un cambio cultural sustancial en los hábitos de consumo; pasando de un modelo individualizado a uno entre iguales y que se recarga en tecnologías de información y comunicación para ofrecer inmediatez, facilidad, transparencia y apertura.
A continuación les comparto algunos datos que refuerzan la razón por la que este modelo está despuntando en el mundo ya que en promedio:
- Un usuario aprovecha apenas el 7.5% de las horas disponibles de su coche
- Una oficina está desocupada el 58.33% del tiempo entre semana
- Una casa de descanso o vacaciones se utiliza un 8.2% del año
- Un taladro eléctrico se utiliza 13 minutos por año
- Un vestido ¨especial¨ de noche es utilizado 5 veces (y nunca si el evento es con la misma gente)
Si lo pensamos con detenimiento, existen cientos de actividades, productos o servicios sobre los cuales existe un recurso ocioso que no estamos explotando. Una vuelta al súper podría convertirse en una oportunidad para comprar algunos artículos para el vecino, el tiempo dedicado para pasear a una mascota podría utilizarse para llevar a tres, una persona que se dedica a hacer la limpieza en un departamento pequeño probablemente pueda limpiar tres o cuatro en la misma cuadra y así ahorrar en tiempo y transporte. Las posibilidades son prácticamente infinitas.
Las personas que hoy en día forman la masa crítica del modelo de economía colaborativa son los miembros de la generación X y los millenials que se acercan a 1980, en términos prácticos, quienes nacieron en los 70´s, 80´s y hasta la primer parte de los 90´s. Las dificultades económicas para hacerse de bienes, su sentido de responsabilidad con el planeta y con la sociedad, la rápida adopción tecnológica y el constante cambio de residencia son sólo algunos de los factores que forman parte de sus vidas y que impulsan el concepto.
Airbnb, Taskrabbit y Uber son algunas muestras de cómo podemos capitalizar el recurso ocioso y convertirlo en un gran negocio aprovechando algunas de las virtudes que podemos encontrar hoy en día en diversas plataformas tecnológicas. Geolocalización, pagos desde móviles, sistemas de calificación abiertos, cálculos variables en tiempo real y disponibilidad son solamente algunas de las posibilidades.
En gran parte de América Latina hemos sido un poco más lentos en la adopción de este modelo y a mi parecer, nos hemos recargado de manera sustancial en copiar o imitar lo que ya funcionó en otros países. Me encantaría que la próxima gran empresa que rompa de manera importante y propositiva con algún recurso ocioso surja de un país de habla hispana… ¿Sucederá pronto?
The post Capitalizar el ocio puede ser un gran negocio appeared first on Revista Merca2.0.
No hay comentarios:
Publicar un comentario