La gran mayoría de las notas, artículos y estudios con los que nos encontramos en nuestro día a día detallan aspectos o recomendaciones sobre las formas en las que podemos mejorar nuestros esfuerzos digitales pero proporcionalmente me he encontrado con mucho menos literatura dedicada a las cosas que debemos evitar a toda costa. Es por esto que en esta ocasión decidí escribir sobre los siete pecados en los que debemos evitar caer ya que pueden costarle mucho a la marca o producto que representamos.
AVARICIA: Pedir hasta el minuto de nacimiento en las formas
Aunque sea sumamente interesante e importante conocer lo más de posible de cada uno de los miembros de nuestra comunidad, debemos ganarnos cada uno de esos datos mediante consistencia y confianza. Muchas páginas comienzan con una forma de registro que en ocasiones supera los quince campos. Es fundamental considerar que cada pedazo de información que le pedimos al usuario incrementamos sus dudas y en consecuencia crece su probabilidad de abandono. Una regla simple es no solicitar información que no sea crítica para poderlo atender y trabajar en la profundidad de datos incrementando los puntos de contacto.
ENVIDIA: Hacer todo lo que hace la competencia
Tener perfectamente identificados los esfuerzos de los productos o marcas con los que disputamos la preferencia del consumidor es absolutamente necesario, sin embargo, caer en el juego de hacer todo lo que hace el competidor tiende a resultar ineficiente, costoso y poco propositivo. Tenemos que desarrollar la capacidad de observar con detenimiento para actuar cuando realmente haga la diferencia y no subirnos a todos los trenes habidos y por haber.
IRA: Poca claridad y bajo contraste en elementos de acción
Cada botón que utilicemos tiene la función de guiar al consumidor a la acción que esperamos realice. El contraste, el texto descriptivo, la posición y el tamaño (sin albur) juegan un rol fundamental en la consecución de nuestros objetivos. Un festival de botones normalmente es sinónimo de enojo, frustración y una muy reducida conversión en nuestras acciones.
GULA: Exceso de opciones
Nuestros productos pueden ser espectaculares y contar con posibilidades prácticamente infinitas, sin embargo, es de suma importancia limitar lo que presentamos. Un exceso de opciones genera parálisis por el tiempo que el consumidor tiene que dedicar para ubicar y analizar cada una de las alternativas que le brindamos. Si lo que queremos es incrementar la acción, necesitamos evitar a toda costa engolosinarnos y mejor actuar pensando en hacerle la vida fácil al usuario
LUJURIA: Demasiados distractores visuales
Meter en la licuadora dos cucharadas de banners promocionales, una taza de música, cinco gotas de imágenes, cuatrocientos gramos de videos activos y una jarra de contenido pueden ser la receta imperfecta ya que dispersamos al cliente en vez de enfocarlo. Si bien es cierto que todos pueden ser elementos fundamentales, la clave es trazar de forma clara las rutas en las que preferimos llevar al usuario y que lo guiemos en esa dirección sin demasiados distractores.
PEREZA: Incongruencia Gráfica
Cualquier ejecución, por pequeña que sea, debe ser vista y tratada como una extensión de la marca y con esa perspectiva el diseño debe ser congruente. Podría parecer obvio pero conservar el mismo look&feel a lo largo de la experiencia de compra y en todos los elementos de comunicación e identidad corporativa en cada uno de los frentes es imperativo. Asumir que tenemos clientes completamente distintos en cada canal es absurdo y puede tener un desenlace fatal.
SOBERBIA: Ocultar datos de contacto
Una práctica un tanto común en el mundo digital consiste en tratar de mostrar al usuario que todo lo puede encontrar online y en el afán de evitar que nos contacte por cosas menores, terminamos por eliminar cualquier interacción con ellos. Esconder las opciones que tiene el visitante de contactarnos me parece inaceptable, utilizar únicamente un botón de contacto que dirige a una forma es insuficiente y acomodar toda la información en el footer es poco recomendado. Pensemos que cientos de usuarios entran a nuestra página para conseguir el teléfono de atención a clientes y así poder solucionar sus dudas o problemas. Alejarlos de eso resulta mucho más ineficiente de lo que podría parecer.
Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra
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